... Y la chica regresaba al bosque a oír historias, a veces nevaba, a veces llovía, y en aquellas tardes sus ojos se volvían de un gris tan claro que en ocasiones parecían blancos.

-Piedra y la chica de ojos azules-

La Última Carta


 Ella abrió la caja de madera para recuperar la carta sellada. Ya apenas recordaba los detalles, pero sí la única vez que la leyó. Fue así:

Ocurrió en una noche de invierno, tras perderse ella en la cama, con él. En aquella ocasión las sábanas se les enredaron tanto que sus cuerpos exhaustos parecieron flotar inermes, el uno junto al otro, como atrapados en una gigantesca tela de araña, víctimas del sudor que supuraron sus cuerpos acariciados.

Entonces él alargó un brazo y tomó de su bolsa la carta lacrada. Cuando ella vio el sello le pidió que la abriese sin romperlo. Y él desdobló los pliegos de tal forma que consiguió abrirlos sin perturbar el cierre. Ella la leyó, al acabar la depositó sobre la cama y los hilos que les mantenían atrapados se deshacieron.

Y sus cuerpos volvieron a encontrarse bajo la tormenta.

Horas más tarde ella dormía cuando él tomó la carta. Dobló los pliegos y la depositó dentro de la caja de madera del tocador, se vistió y bajó por las escaleras, se montó en su coche y condujo por la calle de aquel maldito semáforo. El disco rojo se iluminó y transcurrió una vida entera para los dos.


3 Comentarios | Escribe el tuyo:

Alejo Z. 3/8/12, 3:16  

El recuerdo es el único que parece poder retroceder el tiempo.
Un abrazo.

Calma en días de tormenta (Darilea) 5/8/12, 22:57  

Y la carta lacrada, fue testigo de que aquello un día ocurrió...
Un besito Ángel

Rebeca Gonzalo 7/8/12, 19:56  

¿Qué ponía en aquella carta que les perturbó hasta ese punto?

Besotes.